domingo, 21 de junio de 2009

...:: Mil y un sabores ::...

La estación lo amerita y así como en primavera volvemos a sentir mariposas en inviernos es temporada de helados.

Entrar a una heladería donde hay miles de sabores y colores, de crema, de agua, de azúcar o light es como pasearse por la vida en búsqueda del hombre correcto, misteriosamente los hombres también tiene características parecidas a los helados, siempre esta aquel que es un clásico, que sabes que es un sabor donde no nos equivocamos, también están los light aquellos que sabemos que son bajos calorías y por lo general se consumen sólo en el verano, cómo olvidar los de agua, sin mucha consistencia… sólo para la sed y los exóticos el naranja morena, el dulce cielo o incluso el de castañas, la infinidad de opciones que podemos encontrar son las que nos ayudan a discriminar como será el próximo helado a elección. Y los millones de helados que podemos probar nos permiten, sin duda, no perder el sabor de esta vida.

Por lo mismo consumir siempre el mismo sabor aburre, ¿Por qué escoger siempre el de piña cuando hay uno de castañas? ¿Por qué ir siempre a la segura?, la incapacidad de atrevernos a probar un sabor nuevo es productos de malas experiencias con sabores anteriores, pero eso no significa que el próxima será igual de malo, claro esta que siempre hemos vivido bajo una línea o parámetro de elección, de alguna forma nuestra vida se define así y la inhabilidad de poder improvisar se explica por eso, por ejemplo, si tenemos una debilidad por el chocolate tentación con chips de affair y este helado siempre termina intoxicándonos, lo más probable es que cualquier helado que tenga que ver con el chocolate termine así, obviamente podemos consumir este helado pero significa que no lo transformemos en el helado de nuestra vida, por eso hay que aprender a dosificar el consumo del sabor que produzca algún tipo de abstinencia, no es posible que nuestra vida este sujeta a un solo sabor de helado. (Autodosificarnos... no ser dosificadas)

Lo mismo pasa con los tamaños de barquillos, muchas veces creemos encontrar el helado perfecto pistacho de lujuria y al principio es tan rico que decidimos, por alguna razón, comprarlo en un barquillo mega grande, lo cual puede tener dos resultados 1) Hastiarnos hasta la muerte del sabor y lo que conlleva a que cada vez que volvamos a pensar en él, tengamos malos recuerdo, cuando perfectamente podría haber terminado de la mejor manera, o 2) Que al igual como a los niños pequeños se nos caiga el helado, lo que significará que nuestra inversión habrá sido en vano. ¿Qué sentido tiene que nos encante un helado que no podemos terminar de desfrutar?

En resumen siempre que entremos a una heladería deberías tener el coraje para probar un nuevo sabor con el agregado que lo haga más interesante, ya sean chips, salsa de chocolate o crema chantilly, da igual! La vida es una sola y la idea es disfrutarla, tomar experiencia y conocimientos para que finalmente el momento del sabor de tu vida, haya sido la mejor elección y sin el arrepentimiento de pensar que quedaste con tantos sin probar.

La vida se resume, quizás, en que tenemos miles de oportunidad para volver a intentarlo así como en la heladería mil sabores que probar, vale la pena arriesgarse con sabores distintos, vale la pena dejarse guiar por el instinto.

Mi consejo arriesgarse con sabores nuevos pero helados de verdad no un ordinario Chocolito envasado o aunque sea un Mega no nos dejemos llevar por su envase, por que como dicen por ahí, no nos engañemos por un buen lejos y un fraude al momento de los que hubo.


Capricho